A medida que se agota el mandato de Joan Laporta, Juan Lapuerta de ahora en adelante, nos encontramos con más escenas pintorescas. Justificadas o no, lo cierto es que Don Juan Lapuerta está cada vez más presente en los medios.
Las fotos publicadas tras las victoria del Barcelona sobre el Madrid deberían ser una anécdota sino confluyesen varias circunstancias.

En primer lugar, el señor Lapuerta representa a una institución como el Barcelona y por tanto su imagen va a sociada a la misma. De la misma manera que sería bochornoso ver al presidente Zapatero bailando la conga o bañado en champán (o a sus hijas simplemente verlas), lo es que sea el señor Lapuerta, en representación de miles de socios barcelonistas. Como cualquier otro ciudadano libre tiene derecho a divertirse pero debería hacerlo de una manera mucho más moderada y no en público. Esta es la misma razón por la cuál no festeja los goles en el palco gritando y bailando, por respeto a los rivales. En este caso, el respeto se lo debe a una institución que le ha dado una popularidad que será seguramente un trampolín para su futuro profesional, ya sea en política o no.
En segundo lugar, Don Lapuerta lleva durante los últimos meses postulándose como un aguerrido nacionalista, atacando continuamente a lo que el llama la caverna mediática españolista, que no es otra cosa, que el grueso de los medios no nacionalistas que critican con razón los excesos laportianos. Asi que tras esos ataques continuos, lo que el señor Lapuerta no puede pretender es salir de marcha empapado en champán y evitar que se hable de él. Digamos que es un ataque al estilo ojo por ojo, diente por diente.
Lo que debería ser una gestión tranquila y pausada de uno de los mejores Barcelona de la historia se está convirtiendo en un bochornoso espectáculo. Don Juan Lapuerta tenía la oportunidad de aprovechar los éxitos deportivos de su equipo para acercar Barcelona al resto de españoles. Sin embargo, con su actitud chulesca y despreciativa está consiguiendo alejar a muchas barcelonistas que se sienten españoles.
Ya no se trata por tanto de un error garrafal a nivel personal, sino que como gestión empresarial resulta nefasto poner en un brete a miles de barcelonistas que no se sienten identificados con la institución que representa a su equipo favorito.
Supongo que los éxitos nublan a cualquier, y más a personajes tan vanidosos como el señor Lapuerta. Su eclosión como bufón barcelonista ha coincidido con el éxito de su equipo. Es lo que se llama nadar a favor de corriente. Curiosamente cuando las cosas no le iban también Lapuerta parecía un tipo moderado y hasta sensato.
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